El delantero vinotinto y multicampeón de la MLS, conversa acerca de su carrera como futbolista y como padre.
LIDER.- Si Alejandro Moreno tuviera que guardar sólo una foto de la celebración de su último título en la MLS, sería una en la que aparezcan su esposa, sus hijos Alejandro y Gregory, sus padres y sus hermanos. “Cada triunfo lo puedo disfrutar porque tengo a mi familia”, asegura “Homerito”, quien se describe como “casero” cuando deja de ser Moreno, el dorsal 10 de Columbus y pasa a ser Alejandro, el hijo de Homero y Esther.

Mientras repasa su carrera incluye, en cada una de las etapas, a los suyos. “Fue difícil convencer a mi padre para irme a Estados Unidos, sólo cuando se vio clara la beca para buscar una carrera profesional fue que me apoyaron”, relata.
Comenzó a jugar fútbol gracias a su hermano, Homero Moreno. Presenciaba sus entrenamientos. “Soy obsesivamente competitivo y ahí fue el primer lugar donde pude hacerlo con mi hermano”. Por esas fechas nació su apodo. El círculo de su hermano lo etiquetó como “Homerito”, sobrenombre que lo acompaña hasta hoy, incluso asegura que a su hermana “le decían ‘Homerita’, era nuestra identidad, ‘los Homeros’”.
Prioridad en los estudios
Cuando Alejandro se graduó de bachiller, ya tenía claro su plan de vida. Aterrizó en la Universidad de Carolina del Norte, de donde se graduó cum laude en International Business. No fue sino hasta el tercer año cuando vio en el fútbol una posibilidad real. “Llegué al Draft de la MLS con expectativa, pero ya estaba graduado, sabía que si no quedaba iba a tener otras opor
tunidades en mi carrera”. Pero Los Ángeles Galaxy lo tomó y apostó por una carrera sobre el césped. ¿De no haber sido escogido, hubiera dejado el fútbol? “Creo que sí”, admite Moreno. Aún luego de la escogencia, lo pensó. “Los de primer año no ganaban muy bien y yo estaba a punto de casarme. Ahí es que uno piensa qué quiere y qué debe hacer. Yo, antes que nada, soy esposo y padre”.
De inmediato el fútbol le sonrió y le entregó un título en su primera campaña. Tras tres años fue cambiado a San José donde comenzó a tener más regularidad. El equipo se mudó a Houston y Moreno tuvo que volver a hacer maletas. “Era la segunda vez en menos de un año, pero lo llevamos bien”, dice.
Con el Dynamo repitió la corona y saltó a Columbus, donde salió campeón en 2008. En los últimos títulos exhibió una larga barba. “Son rutinas que te ejercitan la mente. Si eso significa tener barba, la tendré”, dice y se ríe. Aunque concreta: “No creo que la barba gane o pierda el juego, pero creerte con ventaja, así sea psicológica, te ayuda”.

Mientras repasa su carrera incluye, en cada una de las etapas, a los suyos. “Fue difícil convencer a mi padre para irme a Estados Unidos, sólo cuando se vio clara la beca para buscar una carrera profesional fue que me apoyaron”, relata.
Comenzó a jugar fútbol gracias a su hermano, Homero Moreno. Presenciaba sus entrenamientos. “Soy obsesivamente competitivo y ahí fue el primer lugar donde pude hacerlo con mi hermano”. Por esas fechas nació su apodo. El círculo de su hermano lo etiquetó como “Homerito”, sobrenombre que lo acompaña hasta hoy, incluso asegura que a su hermana “le decían ‘Homerita’, era nuestra identidad, ‘los Homeros’”.
Prioridad en los estudios
Cuando Alejandro se graduó de bachiller, ya tenía claro su plan de vida. Aterrizó en la Universidad de Carolina del Norte, de donde se graduó cum laude en International Business. No fue sino hasta el tercer año cuando vio en el fútbol una posibilidad real. “Llegué al Draft de la MLS con expectativa, pero ya estaba graduado, sabía que si no quedaba iba a tener otras opor
tunidades en mi carrera”. Pero Los Ángeles Galaxy lo tomó y apostó por una carrera sobre el césped. ¿De no haber sido escogido, hubiera dejado el fútbol? “Creo que sí”, admite Moreno. Aún luego de la escogencia, lo pensó. “Los de primer año no ganaban muy bien y yo estaba a punto de casarme. Ahí es que uno piensa qué quiere y qué debe hacer. Yo, antes que nada, soy esposo y padre”.De inmediato el fútbol le sonrió y le entregó un título en su primera campaña. Tras tres años fue cambiado a San José donde comenzó a tener más regularidad. El equipo se mudó a Houston y Moreno tuvo que volver a hacer maletas. “Era la segunda vez en menos de un año, pero lo llevamos bien”, dice.
Con el Dynamo repitió la corona y saltó a Columbus, donde salió campeón en 2008. En los últimos títulos exhibió una larga barba. “Son rutinas que te ejercitan la mente. Si eso significa tener barba, la tendré”, dice y se ríe. Aunque concreta: “No creo que la barba gane o pierda el juego, pero creerte con ventaja, así sea psicológica, te ayuda”.

