Los dos goleadores del recordado 3-2 en el monumental de Nuñez ven con buen ojo el partido del sábado
LIDER.- Muchos espectadores argentinos que estarán en las sillas de madera del Monumental de Núñez el sábado deben recordar bien el inusual susto que Venezuela hizo pasar a la albiceleste en noviembre de 2004.
Aquella noche atípica comenzó con autogol de José Manuel Rey, imagen bizarra. Luego vino el silencio del gigante que nació en un pase de Alejandro Cichero que Ruberth Morán tomó con clase.
“Pude coger en contrapié a Milito, girar y encarar directamente a Abbondanzieri”, recuerda el merideño. “Él esperaba un disparo fuerte al cuerpo y conseguí una brecha entre sus piernas para el 1-1”. De inmediato llegó el gesto. Morán corrió hacia la banda y con las manos en las orejas trató de captar algún ruido, pero ni un suspiró brindó la grada. Aquel empate parcial era la catástrofe de los de casa.
Entonces, llegó Riquelme. “Cobró una falta que en principio fue inexistente. Allí demostró toda la categoría que tiene cobrando ese tiro libre”, evoca el delantero. Argentina se iba arriba cuando el primer tiempo menguaba.
El arma secreta
En la segunda parte, Javier Saviola puso el tercero hacia la izquierda de Dudamel y cuando el momento se prestaba para una goleada local, Richard Páez realizó un cambio. Leonel Vielma tendría oportunidad de entrar.
“El profe me llama. La orden era que entrara a tratar de evitar una goleada escandalosa”, dice Vielma y comenta que cuando estaba por ingresar al terreno, un agente de seguridad se acercó a Napoleón Centeno, coordinador de la selección, y le preguntó: ¿quién va a entrar?
“Napo, mamando gallo, le dijo: ‘esa es el arma secreta que tenemos. Ahorita entra y el partido se pone bueno". "Da la causalidad de que yo entré y se nos dio el gol”, recuerda el volante defensivo, quien con un zapatazo de tiro libre acortó las distancias aquella noche de noviembre.
De allí en adelante el partido fue de ida y vuelta. Vielma tuvo otra oportunidad a balón parado y decidió cobrarlo distinto. “Le pegué por afuera de la barrera y cuando el balón iba hacia el ángulo, el ‘Pato’ la sacó a mano cambiada”, dice sobre aquel golpe de derecha.
Buscando el silencio
“A pesar de ser uno de los marcos más espectaculares para jugar al fútbol, nosotros logramos silenciarlos en dos ocasiones”. Ruberth Morán habla y, convencido, cree que el sábado se pueden sacar puntos del viaje a Buenos Aires. “La clave está en la concentración y en estar atentos a las jugadas detenidas”.
Vielma también confía en que sumar es posible. “Hay que hacer un partido como el que ganamos a Brasil el año pasado”, recomienda.
Morán y Vielma, dos de los jugadores que profanaron uno de los grandes templos del fútbol mundial, se quedan con el respeto que ha logrado la Vinotinto.
La última vez, Argentina terminó pidiendo la hora, esperando que la peor de las pesadillas no se hiciera realidad. El reto está en convertir el gran sueño criollo en algo palpable.
Aquella noche atípica comenzó con autogol de José Manuel Rey, imagen bizarra. Luego vino el silencio del gigante que nació en un pase de Alejandro Cichero que Ruberth Morán tomó con clase.
“Pude coger en contrapié a Milito, girar y encarar directamente a Abbondanzieri”, recuerda el merideño. “Él esperaba un disparo fuerte al cuerpo y conseguí una brecha entre sus piernas para el 1-1”. De inmediato llegó el gesto. Morán corrió hacia la banda y con las manos en las orejas trató de captar algún ruido, pero ni un suspiró brindó la grada. Aquel empate parcial era la catástrofe de los de casa.
Entonces, llegó Riquelme. “Cobró una falta que en principio fue inexistente. Allí demostró toda la categoría que tiene cobrando ese tiro libre”, evoca el delantero. Argentina se iba arriba cuando el primer tiempo menguaba.
El arma secreta
En la segunda parte, Javier Saviola puso el tercero hacia la izquierda de Dudamel y cuando el momento se prestaba para una goleada local, Richard Páez realizó un cambio. Leonel Vielma tendría oportunidad de entrar.
“El profe me llama. La orden era que entrara a tratar de evitar una goleada escandalosa”, dice Vielma y comenta que cuando estaba por ingresar al terreno, un agente de seguridad se acercó a Napoleón Centeno, coordinador de la selección, y le preguntó: ¿quién va a entrar?
“Napo, mamando gallo, le dijo: ‘esa es el arma secreta que tenemos. Ahorita entra y el partido se pone bueno". "Da la causalidad de que yo entré y se nos dio el gol”, recuerda el volante defensivo, quien con un zapatazo de tiro libre acortó las distancias aquella noche de noviembre.
De allí en adelante el partido fue de ida y vuelta. Vielma tuvo otra oportunidad a balón parado y decidió cobrarlo distinto. “Le pegué por afuera de la barrera y cuando el balón iba hacia el ángulo, el ‘Pato’ la sacó a mano cambiada”, dice sobre aquel golpe de derecha.
Buscando el silencio
“A pesar de ser uno de los marcos más espectaculares para jugar al fútbol, nosotros logramos silenciarlos en dos ocasiones”. Ruberth Morán habla y, convencido, cree que el sábado se pueden sacar puntos del viaje a Buenos Aires. “La clave está en la concentración y en estar atentos a las jugadas detenidas”.
Vielma también confía en que sumar es posible. “Hay que hacer un partido como el que ganamos a Brasil el año pasado”, recomienda.
Morán y Vielma, dos de los jugadores que profanaron uno de los grandes templos del fútbol mundial, se quedan con el respeto que ha logrado la Vinotinto.
La última vez, Argentina terminó pidiendo la hora, esperando que la peor de las pesadillas no se hiciera realidad. El reto está en convertir el gran sueño criollo en algo palpable.
Resumen del Partido - Argentina 3 Venezuela 2, cortesia de FCBarca01

